Se desata la fiebre del oro en mercados

+ La incertidumbre creada por la crisis griega, que abrió ciertas interrogantes sobre la estabilidad del euro, indujo a los inversores timoratos a buscar refugio en el oro.

París, Francia.- "La gente compra diamantes por vanidad y oro por estupidez", solía decir Harry Oppenheimer, el hombre que durante 27 años dirigió el imperio minero De Beers. "Entre la tontería y la vanidad -aseguraba-, francamente yo prefiero la vanidad".

Desde su cuartel general ubicado en el número 17 de Charter House Street -en pleno corazón de la City-, Oppenheimer inventó todos los slogans, argumentos y pretextos para hacerle creer al mundo que el oro representaba una mala inversión. Sin embargo, si viviera, es probable que en este momento estaría comprando lingotes para colocar su fortuna al abrigo de cualquier sobresalto económico.

EL BUEN OLFATO
El desasosiego que provoca la crisis desde 2007 explica en gran medida la nueva fiebre del oro que registra el mundo desde hace tres años: hasta 2005, el precio de la onza troy estaba en su nivel "normal" de 400 dólares. A comienzos de 2007 pasó a 600 dólares y el 3 de diciembre de 2009 alcanzó su récord histórico de mil 226.56 dólares.

Después de un trimestre de relativa calma, la semana pasada el precio volvió a proyectarse hacia la cima en Europa. La incertidumbre creada por la crisis griega, que abrió ciertos interrogantes sobre la estabilidad del euro, indujo a los inversores timoratos a buscar refugio en el oro, una corrida que impulsó la cotización de la onza a 864 euros (mil 174 dólares).

En otras palabras, el inversor astuto que olfateó la crisis y vendió sus activos especulativos antes del derrumbe para comprar oro, no sólo protegió su fortuna, sino que en 36 meses duplicó su patrimonio.

DE LAS SUBPRIMES AL ORO
Globalmente, eso es lo que hizo John Paulson, conocido en Wall Street como "el financista que se enriquece con las crisis". Después de haber especulado con los créditos inmobiliarios de alto riesgo (subprimes) a través de los credits default swaps (CDS), se desprendió de esos activos tóxicos justo antes del estallido de la burbuja inmobiliaria.

Ese oportuno movimiento le dejó en 2008 un beneficio de 15 mil millones de dólares, cifra que -según el diario The Wall Street Journal- representa la "mayor ganancia en la historia de las operaciones financieras".

En noviembre de 2009, su olfato le indicó de donde soplaría el viento en los próximos años y decidió crear un fondo de inversiones especializado en el oro.

Su compañía de inversiones Paulson & Co., un hedge fund especulativo que administra una cartera de 32 mil millones de dólares, comenzó por invertir en AngloGold, Kinross Gold y Gold Fields.

LA ONZA TROY

  • La onza troy, que pesa 31.1034768 gramos, es la unidad de medida que determina el precio del oro desde tiempos inmemoriales.
  • También se la utiliza para otros metales preciosos, como la plata.
  • Esa convención equivale a la 12ª. parte de una libra troy, así llamada porque -según una tradición nunca bien confirmada- era la unidad de medida que se utilizaba en la ciudad de Troya.
  • La palabra latina uncia significaba duodécima parte de un total. En la época en que Roma dominaba el mundo, la uncia pesaba el 1/12 de la libra romana.

MONEDA DE RESERVA
Al cabo de unos meses, un periodo que utilizó para conocer los secretos de ese negocio extremadamente sutil, inyectó 250 millones de dólares en un fondo sobre el oro.

Paulson adoptó esa decisión después de analizar el balance de la Reserva Federal (FED) y comprobar que la masa monetaria de Estados Unidos había aumentado 140 por ciento en pocos meses. "El regreso de la inflación es ineluctable", sentenció.

A sus clientes les explicó que, en esa configuración de depreciación de activos, el oro registrará una nueva estampida de precios y representará la "mejor moneda de reserva" frente a la pérdida de valor del euro y del dólar.

Los resultados no se hicieron esperar: el año pasado ocupó el cuarto lugar entre los hombres que habían obtenido mayores ganancias individuales en el sector financiero: sus beneficios en 2009 fueron de mil 400 millones de dólares, según la clasificación de la revista especializada AR Absolute Return+Alpha.

UN VALOR DE PROTECCIÓN
Para medir la rentabilidad del oro en momentos de inseguridad alcanza con analizar la curva que sigue la cotización de la onza troy: salvo ciertos períodos de euforia económica, el metal amarillo operó siempre como un valor refugio que -como tal- nunca pierde valor. Un estudio realizado a través de 208 años demuestra la perfecta correlación que existe entre las turbulencias políticas y los aumentos de precio.

Ese trabajo histórico -que comienza en 1792, tres años después de la Revolución Francesa, y prosigue hasta el fin de la convertibilidad del dólar en oro, en 1971- permite observar que los grandes picos de incremento se producen en momentos de incertidumbre sobre el futuro como la caída del imperio napoleónico (1815), la guerra de secesión en Estados Unidos (1861-1865), la Primera Guerra Mundial (1914-1918), la gran depresión económica (1929-1935), la Segunda Guerra (1939-1945) y el comienzo de la guerra fría (1947).

El mismo fenómeno se produce desde que Richard Nixon suprimió la convertibilidad del dólar en oro en 1971 y puso término al sistema de Bretton Woods. Esa decisión le permitió a Estados Unidos reducir la dependencia -asfixiante- que existían entre el circulante de billetes y las reservas que se depositan en las gigantescas cajas fuertes de Fort Knox.

A pesar de las disminuciones registradas desde que Nixon adoptó esa decisión, Estados Unidos sigue poseyendo las mayores reservas mundiales (ver recuadro).

El final de la relación oro-dólar no impidió que los precios del metal amarillo reflejaran las evoluciones de las tensiones políticas mundiales.

Las estampidas de estos últimos 40 años reflejan los grandes periodos de inestabilidad: los dos grandes shocks petroleros de 1973 y 1981, éste último coincidente con la invasión rusa de Afganistán, y el comienzo de la crisis económica en 2007. En sentido inverso, las bajas más pronunciadas corresponden a momentos de euforia, como el periodo 1985-2000, cuando los inversores abandonaron momentáneamente el oro por activos especulativos de alto rendimiento.

[Carlos Siula/Corresponsal (OEM)]

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